miércoles, 24 de diciembre de 2014

Escapar

Un paso tras otro, una caída tras otra y luego a levantarse, a levantar de nuevo todos los cimientos.

Todo está a oscuras, son las 3 de la mañana,  me levanto en 4 horas, pero no puedo dormir, me levanto de la cama y me asomo a la ventana, a contemplar la playa nocturna que tengo delante, no dejo de pensar en ella.
En su puta sonrisa, en su piel, en su calor al abrazarme, en lo bien que sienta su risa a mis oídos.
En realidad es que creo que no quiero dejar de pensar en ella, en la forma que tiene de susurrar mi nombre, en la intensidad de sus gemidos y su cara de placer, quizá…es que me gusta más de lo que pensaba, puede… puede que me esté enamorando de ella, puede que con ella todo sea distinto y deje atrás toda esta vida de mierda. Deje de buscar destruir todo cuanto encuentro a mi paso porque merezca la pena tener algo más, algo a lo que aferrarse cuando la tormenta que llevo dentro estalla.

Una parte de mi tiene miedo, como siempre, y quiere escapar, quiere huir de todo lo que está a punto de descubrir, quiere alejarse de todo, como siempre.
Pero la otra parte, quiere seguir ahí, cada segundo, sin perderse detalle alguno, quiere saber cómo seguirá esta historia, doy gracias por ser capaz de pensar en frío a veces.

Ella es perfectamente imperfecta para mí, ella es mi inspiración, mi musa, mi luz a larga distancia cuando baja la niebla. Es quien guía mi mano y me ayuda a corregir los errores, con este puto boli no puedo borrar con la goma, eso ya no sirve.
Me paro a pensar y recuerdo cuando era pequeña, esas ganas de ser mayor, ese ansia por tomar mis propias decisiones. Es lo mismo que hemos hechos todxs de pequeños, aunque nos dijeran que no tuviéramos prisa, que no es tan bonito como parece, pero un día cambie, algo dentro de mí se esfumo para siempre, aunque dejo rastro. Recuerdo cuan estúpida fui por quererlo vivir todo deprisa y corriendo para hacerme mayor…
En realidad lo que cambia, es que tomas decisiones, pero no puedes echarle la culpa a nadie, porque has elegido lo que has querido. Lo que cambia es poder hacer lo que quieras y cuando quieras, pero con la condición de que sea después de haber gastado la mayor parte de tu tiempo en tus obligaciones, en lo que esperan de ti. Ya no están esas tardes en el parque con tus amigos, donde la mayor preocupación era si la pelota había entrado dentro de la portería imaginaria que creabais o no. Ya no puedes irte corriendo a los brazos de tu madre cuando algo no te gusta, ahora tienes que enfrentarte a ello de frente.

Tomo una decisión, una de la que no podré buscar culpables. Me admito que esto puede llegar lejos, que es mágico, que es genial e increíble, que es único.
Espero hacer lo correcto, y sino… ya lo arreglare.

Miro por última vez al mar, cierro los ojos y aspiro su olor, me lleno de él hasta que mis pulmones están a punto de reventar. Vuelvo a meter la cabeza dentro de mi cuarto, pero dejo la ventana abierta para escuchar las olas del mar de fondo y no sentirme tan sola mientras sigo sintiendo sus brazos alrededor de mí, sus labios en los míos, sus manos bajando por mi cadera.


Me echo en la cama, recuerdo cada segundo que he estado a su lado, y de repente me llega su olor desde mi almohada, me hace sonreír como una estúpida, y me hace dormir sin darme cuenta, me relaja, hace que me deje llevar con las olas.


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