Un paso tras otro, una caída tras otra y luego a levantarse,
a levantar de nuevo todos los cimientos.
Todo está a oscuras, son las 3 de la mañana, me levanto en 4 horas, pero no puedo dormir, me
levanto de la cama y me asomo a la ventana, a contemplar la playa nocturna que
tengo delante, no dejo de pensar en ella.
En su puta sonrisa, en su piel, en su calor al abrazarme, en
lo bien que sienta su risa a mis oídos.
En realidad es que creo que no quiero dejar de pensar en
ella, en la forma que tiene de susurrar mi nombre, en la intensidad de sus
gemidos y su cara de placer, quizá…es que me gusta más de lo que pensaba, puede…
puede que me esté enamorando de ella, puede que con ella todo sea distinto y
deje atrás toda esta vida de mierda. Deje de buscar destruir todo cuanto
encuentro a mi paso porque merezca la pena tener algo más, algo a lo que
aferrarse cuando la tormenta que llevo dentro estalla.
Una parte de mi tiene miedo, como siempre, y quiere escapar,
quiere huir de todo lo que está a punto de descubrir, quiere alejarse de todo,
como siempre.
Pero la otra parte, quiere seguir ahí, cada segundo, sin
perderse detalle alguno, quiere saber cómo seguirá esta historia, doy gracias
por ser capaz de pensar en frío a veces.
Ella es perfectamente imperfecta para mí, ella es mi
inspiración, mi musa, mi luz a larga distancia cuando baja la niebla. Es quien guía
mi mano y me ayuda a corregir los errores, con este puto boli no puedo borrar
con la goma, eso ya no sirve.
Me paro a pensar y recuerdo cuando era pequeña, esas ganas
de ser mayor, ese ansia por tomar mis propias decisiones. Es lo mismo que hemos
hechos todxs de pequeños, aunque nos dijeran que no tuviéramos prisa, que no es
tan bonito como parece, pero un día cambie, algo dentro de mí se esfumo para
siempre, aunque dejo rastro. Recuerdo cuan estúpida fui por quererlo vivir todo
deprisa y corriendo para hacerme mayor…
En realidad lo que cambia, es que tomas decisiones, pero no
puedes echarle la culpa a nadie, porque has elegido lo que has querido. Lo que
cambia es poder hacer lo que quieras y cuando quieras, pero con la condición de
que sea después de haber gastado la mayor parte de tu tiempo en tus
obligaciones, en lo que esperan de ti. Ya no están esas tardes en el parque con
tus amigos, donde la mayor preocupación era si la pelota había entrado dentro
de la portería imaginaria que creabais o no. Ya no puedes irte corriendo a los
brazos de tu madre cuando algo no te gusta, ahora tienes que enfrentarte a ello
de frente.
Tomo una decisión, una de la que no podré buscar culpables.
Me admito que esto puede llegar lejos, que es mágico, que es genial e increíble,
que es único.
Espero hacer lo correcto, y sino… ya lo arreglare.
Miro por última vez al mar, cierro los ojos y aspiro su
olor, me lleno de él hasta que mis pulmones están a punto de reventar. Vuelvo a
meter la cabeza dentro de mi cuarto, pero dejo la ventana abierta para escuchar
las olas del mar de fondo y no sentirme tan sola mientras sigo sintiendo sus
brazos alrededor de mí, sus labios en los míos, sus manos bajando por mi
cadera.
Me echo en la cama, recuerdo cada segundo que he estado a su
lado, y de repente me llega su olor desde mi almohada, me hace sonreír como una
estúpida, y me hace dormir sin darme cuenta, me relaja, hace que me deje llevar
con las olas.

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