Cuando te deje marchar no es que no te quisiera, es que te (nos) quería demasiado como para hacer(nos)te esto.
No preguntes por qué lo hice, porque en realidad la respuesta
es que hay veces que no lo entiendo ni yo… Simplemente quería darte algo que no
podía regalarte, que me seguiría destruyendo. Pero no puedo, aunque te quiero,
aunque me joda, por encima de todo sé que no puedo, ahora no…
Quizá cuando pueda sea tarde. Quizá cuando pueda sea el
momento. Quizá…
No puedo ofrecerte nada que te daría encantada porque no
está en mi mano, se me escapa entre los dedos como el agua cuando dejas el
grifo abierto. Como cuando sonríes, yo te miro y siento que se me escapa la
vida por cada centímetro de mi piel. Porque desde que estás en ella, en mi vida
quiero decir, todo lo demás no importa, no demasiado. Para ser sincera, no
quiero que importe, pero en realidad lo hace, y por eso aunque lo que más quiera
sea regalarte una vida entera… no puedo.
Para no variar me repetiré solo que con otras palabras.
Y es que cuando sonríes y te miro sin que te des cuenta
porque tu estas intentando disimular que te mueres por besarme… joder, se mueve
el mundo entero, se para el tiempo, consigues que tenga memoria fotográfica
pero sólo para recordar ese momento, ese segundo en el que estamos sólo
nosotras aunque estemos rodeadas de gente.
Y es que cuando sonríes es como estar viendo un atardecer
desde el punto más alto de Madrid. Como querer tocar las estrellas porque tú
eres la mejor de ellas. Como que todos los días son sábado de fiesta o domingo
de peli y manta cuando tu estas cerca.
Y es que cuando sonríes ganarías el corazón de cualquiera,
como hiciste con el mío cuando volviste a mi vida como quien vuelve a la
escuela.
Pero no nos vayamos del tema… lo que te quería decir es que
seas feliz, como lo eres conmigo. Que sonrías cada día, como consigo que lo
hagas. Que te enamores, como lo hicimos sin apenas darnos cuenta.
Pero que lo hagas sin mí, que yo mientras tanto estaré
volviendo a ser yo, para luego ser sin ti.



