viernes, 20 de marzo de 2015

Hacia lugares olvidados

Déjame perderme para encontrarte, para poder retratarte cuando llegue tarde.
Déjame aprenderte de memoria, no dejes que nada cambie, corrígeme los fallos cuando me falte el aire.
Llévame de tu mano hasta lugares olvidados, hazme recordarlos perdiéndome por tus labios.

martes, 17 de marzo de 2015

Que le jodan al mundo

Tengo asumido que el mundo nunca cambiará, pero mi parte puedo cambiarla.

Llevo queriendo que le jodan al mundo mucho tiempo, quiero que la gente sea más libre, menos egoísta, que sientan más y digan menos, que haya menos miedos y se pueda decir lo que se quiere.
Que no haya tantas etiquetas, estereotipos, pensamientos, que no todo tenga que ser blanco o negro, que se acepten las cosas tal y como son, que no haya que esconderse, que no se busque el propio interés y que le den al resto.

Quiero aprender de la soledad y poner mi mundo a girar para contemplar otra realidad, aunque sé que nunca será verdad.

La gente se preocupa demasiado de las apariencias, de querer una explicación a todo lo que desconocen porque les aterra, de ponerle nombre. Que fácil sería todo si se dejasen de lado las primeras impresiones a la hora de mirar por encima del hombro de alguien de quien ni siquiera conoces su nombre.
Si se mirara más a los ojos y menos al cuerpo se sabrían muchas cosas. Si se dejara de pensar que por vestir de determinada forma eres algo concreto o por actuar de otra manera eres un bicho raro.

La música te lleva a otra parte, te hace olvidarte de todo, desaparecer por el tiempo que tú quieras y evadirte de todo, aunque no sea una solución a largo plazo. Music saved my life.

Hay quien necesita evadirse de la realidad para no matar a unos cuantos porque se preocupan demasiado por todo lo anterior en vez de dejar vagar su mente. En vez de ser libres y vivir a gusto consigo mismos.
Hay quien se mete con otra persona porque tiene demasiados complejos y así se siente mejor, no piensa que la solución está en eliminar lo que no le gusta.
Hay quien coge su reproductor de audio y enchufa los cascos con la música a tope, hay quien simplemente hace que los bafles retumben por toda la sala.
Hay quien está harto de todo, de sentir sin saber qué hacer, de hacer sin saber que sentir.
Hay quien está harto de estar harto, quien quiere cambiar el mundo, quien no sabe cómo hacerlo, quien lucha por ello, quien muere por ello, quien es encarcelado injustamente por ello, quien recibe palizas por ello.

La libertad de un individuo termina donde empieza la de otro.

Hay gente que no entiende esto y coge la libertad de todos los que pilla a su alrededor. Hay otra gente que tiene que esconderse para ser como realmente es, para sentir lo que siente, para besar a quien quiere. El amor es amor, da igual de qué forma o con quien sea.


Hay gente que tiene miedo de ser quien es, de sentir lo que siente, de su vida, su alrededor, su familia, sus creencias, de salir a la calle, de expresar lo que quiere, de escribir lo que piensa, de escuchar lo que anhela.

Hay gente para todo, pero no toda la gente lo ve de ese modo. Y el día que eso cambie, que el arte se reconozca, que por llevar tatuajes no seas un delincuente, que lo diferente a la heterosexualidad se acepte, los estereotipos y etiquetas se eliminen, la música se viva, el amor no se esconda, que todos seamos iguales y se respete la libertad; todos seremos FELICES.

martes, 10 de marzo de 2015

Gotas de amor

Soy Alice Strauss, vengo a contaros algo que llevo años queriendo sacar a la luz…

Todo comenzó una noche de verano, en aquel acantilado en el que corría el cálido aire por los cuatro costados. Yo estaba sentada en la piedra formada al borde del precipicio, mirando como sus rizos se mecían al aire y le tapaban los ojos. El ondear de la camiseta acompañaba a sus rizos, parece que seguían una melodía y los movimientos iban acompasados.
Al contrario que su respiración, a pesar del ruido de las olas, podía escuchar cómo se le aceleraba por tenerme al lado. No podía dejar de mirarla, no podía apartar la vista de la mirada que compartíamos, en la que nos curábamos las heridas sin mentiras, sin huidas.
Era extraño, no nos hacía falta hablar para saber que era exactamente lo que la pasaba a la otra por la cabeza, sólo con mirarnos o sentir el roce de nuestras manos nos bastaba para sonreír.

Quise acercarme más a ella, romper esa conexión, esa canción del mar y susurrarla al oído que si me seguía mirando de esa forma, no podría evitar enamorarme, quererla, sentir… pero era demasiado cobarde para decírselo, no debía hacer eso. No era lo correcto.
Sin mover nada más que mi mano, entrelace mis dedos con los suyos. Tenía la mano helada, aunque era verano y debían de hacer no menos de 26 grados. Sentí la misma descarga que notaba cada vez, sabía lo que iba a encontrar. Me gustaba notar el frio contacto de sus dedos por mi piel. Como aquella vez que recorrieron mi espalda mientras no perdía de vista su sonrisa.

No sé qué hora es, pero por el color del cielo, creo que está a punto de terminar esta noche inolvidable. Sigue negro entero, con la luna en lo alto, para iluminar lo justo. Sus labios. Para dar ese mágico tono al iris de sus ojos, hacer que su mirada parezca más intensa aún. Para que las gotas de agua que aún resbalan por nuestros cuerpos brillen y parezcan diamantes.
Viéndola así, tan perfecta, aparte de pensar en ella, solo podía intentar parar el tiempo. En hacer de aquella noche una eternidad, en volver a bañarnos en el mar y abrazarnos mientras nos mecen las olas. En sentir sus labios junto a los míos, saboreándonos, mordiéndonos la sonrisa, arañándonos la espalda.



No quiero dejarla marchar, quiero llevarla a mi casa y prepararla la vida junto con un café, para seguir juntas este sueño estando despiertas. Quiero que nos enredemos en las sábanas, pero no porque nos ponemos a follar como si no hubiera mañana. Si no porque entremos en una batalla en ver quien abraza más fuerte a la otra, en quien la besa más, en quien consigue hacer más cosquillas o quien consigue la sonrisa más grande.
No la quiero para follármela y pasar a la siguiente. La quiero para preparar café o chocolate cada mañana y verla amanecer, para tener su olor en mi almohada cada noche, porque mi almohada sea su pecho. Quiero que sean sus brazos los que me arropen cada noche si tengo frío o calor, me da igual, quiero sentirla a ella. Quiero que la canción de mi despertador sean sus besos, que así seguro que no le cojo manía a la melodía que me quite del paraíso cada día.

Sin que se lo espere, me acerco a ella y la beso. La beso como si fuera la primera y última vez que lo fuera a hacer. La beso con todas mis ganas, para transmitirla todo lo que siento, para demostrarla todo lo que quiero. Me devuelve el beso y enreda su mano en mi pelo, atrayéndome hacia ella.

Cuando nos separamos, me coge de la mano. Nos levantamos, recogemos las cosas y metemos las latas de cerveza vacías que han sido nuestros únicos testigos en una bolsa para eliminar todas las pruebas. Vamos a mi casa, a nuestra casa...

.   .   .

lunes, 9 de marzo de 2015

Valentía

Quizá es que solo quería mirarte, solo quería tenerte entre mis brazos una vez más. Poder saborear esos momentos de paz, en los que nada más importaba, en los que solo éramos tú y yo. Quizá es que, aun sin saberlo, me estaba despidiendo.
Estaba harta de los quizá, necesitaba seguridad, necesitaba notar por una vez que tú no te ibas a ir. Que cuando mañana me despertase iba a verte a mi lado, aun con los ojos cerrados, dormida. Que ibas a estar tan perfecta como la noche anterior cuando estábamos enredadas bajo las sabanas y los vecinos se quejaban de tus gemidos.
Mire al cielo una vez más, esperando que algo pasara, aun sabiendo que si no lo hacía yo, nada cambiaría, por mucho que mirara a las nubes.

Recuerdo cuando te conocí… maldito el momento, sabía que me ibas a traer problemas aun sin saber de ti, lo notaba en tu mirada, en tu forma de actuar. Pero aun así… caí en la tentación que me ofrecían tus labios, me perdí en ellos.
Desde la primera vez que los probé supe que iba a querer más, que no te iba a dejar escapar, que iba a hacer todo lo que estuviera en mi mano para hacerte mía. No iba a ser un camino fácil, pero iba a lograrlo.


Que estúpida fui al creer que todo podría cambiar. Que dejarías de irte por la mañana, que me traerías el desayuno a la cama entre besos y risas, que después nos perderíamos de nuevo entre las sabanas durante horas para reencontrarnos en un largo abrazo mezclado con besos llenos de amor.
Ahora solo me queda seguir torturándome porque cada vez estoy más enganchada a ti y tú a tu libertad. Cada vez estoy más enganchada a tus besos, y tú a otras camas. Cada vez sueño más contigo, y tú me besas para hacer realidad ese anhelo.
Eres mi droga favorita, pero también la peor, cuando creo que estoy lista para no necesitarte más, llegas tú, con tu mirada misteriosa y me vuelves a romper todos los esquemas. Pones otra vez mi mundo patas arriba y me descolocas con tu sabor. Haces que vuele, pues todas las mariposas que tengo en mi interior quieren escapar a la vez, pues las abrasas con el calor que me transmite tu cuerpo.

Necesito desintoxicarme, conocer nuevos lugares, otras mentalidades.

Miro el reloj, las 4:00 am. creo que es hora de volver a casa… sé que aun seguirás dormida, que me pasare el resto de la noche contemplando la perfección de tus curvas, que podría volver a escaparme por las calles de Madrid sin que te dieras cuenta, pero prefiero aprovechar los ratos que te tengo solo para mí.

Quizá cuando despiertes, tenga la fuerza necesaria para decirte todo lo que pienso, para dar el paso final hacia la salida o al resto de nuestras vidas.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Algún día...

Me acuerdo de esa primera vez que la vi, sin aun saber en qué me convertiría al verme perdida en su mirada.
Dándome cuenta de que era tan autentica, tan perdida, tan mía, aun sin conocer cómo sería el roce de sus labios por mi cuerpo. La vi una vez esperando en aquella oscura y fría calle a un amor que quizá la dejo plantada, para darme a mí la oportunidad de acercarme a ella y susurrarle mi nombre al oído.
Quizá es que en realidad me estaba esperando a mí. Estaba buscando la forma de saber el color de mis ojos sin delatarse, sin exponerse a demasiados riesgos.
Era interesante, aun sin saber cómo olía anhelaba tener su olor impregnado en mis sabanas. Me acerque y le tendí mi mano para llevarla donde nadie más había pisado, para enseñarle el mundo entre mis brazos. Me susurro su nombre tan cerca que se me quedo grabado en el alma, pidiendo a gritos que no lo dejase escapar jamás y lo hiciese mío.

Se acercó a mí, para mecerse entre mis brazos al notar el frio aire de esta maldita ciudad, me dijo que sentía más conmigo en ese abrazo que con mil más bajándose las bragas. Nada romántico pues aun no sabíamos del pasado, pero bonito, si… bonito es la palabra.
Al dejarme que la abrace, pude por fin rozar su piel con mis labios y hundirme en su cuello para llevarme su olor, no era comparable a nada que conociera hasta el momento, era como juntar todos los olores que haya en el mundo que me gusten y hacer con ellos la mezcla perfecta.
La tenia de espaldas a mí y aun así sonreía, sabía que sonreía, me gire un poco más para comprobarlo disimuladamente, y ella se dio cuenta.
Se giró del todo para estar frente a mí, se giró y con ella todo mi mundo salió despedido, no me dio tiempo a despedirme, tampoco quería, ahora solo estábamos ella y yo. Y es lo único que me importaba. Al menos en ese momento, luego… luego ya si eso que ella me ayudase a reconstruir todos los edificios que se habrían destruido.
Me miro a los ojos, me miro tan profundamente que no sabía que hacer a continuación, seguía viendo de reojo su sonrisa, seguía sabiendo que estaba ahí, sin hacer siquiera un amago de irse.
Quería fugarme con ella, si en ese momento hubiera tenido una moto cerca, nos habríamos subido a ella, los kilómetros se esfumarían dejándonos paso, abriéndonos el camino hasta nuestra meta, hasta esa playa desierta, que sería solo nuestra.

No habíamos cruzado apenas media frase, pero desde que nos miramos a los ojos, fue como un acuerdo mutuo, ya no éramos ella y yo, tú y yo, éramos nosotras, era nuestro.
Seguíamos con la mirada clavada la una en la otra, habían pasado minutos, quizá horas. Pero daba igual, teníamos todo el tiempo del mundo, éramos eternas.
Ella se empezó a acercar a mí, sin dejarme de mirar a los ojos, deseando probar mis labios, sentía que si no la besaba pronto me iba a quemar, iba a empezar a alejarse de mí, iba a pasar el momento…
Comencé a acercarme yo también, empecé a notar el calor que irradiaba su cuerpo, sentí como su mano se posaba en mi cintura y me acercaba con ansia hacia ella…

¡LUZ!

¿Por qué coño de repente hay tanta luz? Joder, no puedo verla. ¿Dónde está?
Me doy cuenta de que tengo los ojos cerrados y aun así hay demasiada luz.
Los abro con cuidado y… veo mi cuarto, estoy yo sola y por la ventana entra la luz del sol que lleva trabajando un par de horas. Recorro mi cuarto por si acaso esta ella en algún rincón, espiándome mientras duermo, pero… solo está el desorden habitual y un par de latas de cerveza acumuladas.

Pensaba que esta vez no sería un sueño, que podría tocarla de verdad, que estaría a mi lado, que seguiría ahí cada día, que al despertar podría seguir besándola… pero todos los días el sol me la quita, aunque nunca me acuerdo…


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