Me acuerdo de esa primera vez que la vi, sin aun saber en qué
me convertiría al verme perdida en su mirada.
Dándome cuenta de que era tan autentica, tan perdida, tan mía,
aun sin conocer cómo sería el roce de sus labios por mi cuerpo. La vi una vez
esperando en aquella oscura y fría calle a un amor que quizá la dejo plantada,
para darme a mí la oportunidad de acercarme a ella y susurrarle mi nombre al oído.
Quizá es que en realidad me estaba esperando a mí. Estaba buscando
la forma de saber el color de mis ojos sin delatarse, sin exponerse a
demasiados riesgos.
Era interesante, aun sin saber cómo olía anhelaba tener su
olor impregnado en mis sabanas. Me acerque y le tendí mi mano para llevarla
donde nadie más había pisado, para enseñarle el mundo entre mis brazos. Me susurro
su nombre tan cerca que se me quedo grabado en el alma, pidiendo a gritos que
no lo dejase escapar jamás y lo hiciese mío.
Se acercó a mí, para mecerse entre mis brazos al notar el
frio aire de esta maldita ciudad, me dijo que sentía más conmigo en ese abrazo
que con mil más bajándose las bragas. Nada romántico pues aun no sabíamos del
pasado, pero bonito, si… bonito es la palabra.
Al dejarme que la abrace, pude por fin rozar su piel con mis
labios y hundirme en su cuello para llevarme su olor, no era comparable a nada
que conociera hasta el momento, era como juntar todos los olores que haya en el
mundo que me gusten y hacer con ellos la mezcla perfecta.
La tenia de espaldas a mí y aun así sonreía, sabía que sonreía,
me gire un poco más para comprobarlo disimuladamente, y ella se dio cuenta.
Se giró del todo para estar frente a mí, se giró y con ella
todo mi mundo salió despedido, no me dio tiempo a despedirme, tampoco quería,
ahora solo estábamos ella y yo. Y es lo único que me importaba. Al menos en ese
momento, luego… luego ya si eso que ella me ayudase a reconstruir todos los
edificios que se habrían destruido.
Me miro a los ojos, me miro tan profundamente que no sabía
que hacer a continuación, seguía viendo de reojo su sonrisa, seguía sabiendo
que estaba ahí, sin hacer siquiera un amago de irse.
Quería fugarme con ella, si en ese momento hubiera tenido
una moto cerca, nos habríamos subido a ella, los kilómetros se esfumarían dejándonos
paso, abriéndonos el camino hasta nuestra meta, hasta esa playa desierta, que sería
solo nuestra.
No habíamos cruzado apenas media frase, pero desde que nos
miramos a los ojos, fue como un acuerdo mutuo, ya no éramos ella y yo, tú y yo,
éramos nosotras, era nuestro.
Seguíamos con la mirada clavada la una en la otra, habían pasado
minutos, quizá horas. Pero daba igual, teníamos todo el tiempo del mundo, éramos
eternas.
Ella se empezó a acercar a mí, sin dejarme de mirar a los
ojos, deseando probar mis labios, sentía que si no la besaba pronto me iba a
quemar, iba a empezar a alejarse de mí, iba a pasar el momento…
Comencé a acercarme yo también, empecé a notar el calor que
irradiaba su cuerpo, sentí como su mano se posaba en mi cintura y me acercaba
con ansia hacia ella…
¡LUZ!
¿Por qué coño de repente hay tanta luz? Joder, no puedo
verla. ¿Dónde está?
Me doy cuenta de que tengo los ojos cerrados y aun así hay
demasiada luz.
Los abro con cuidado y… veo mi cuarto, estoy yo sola y por
la ventana entra la luz del sol que lleva trabajando un par de horas. Recorro mi
cuarto por si acaso esta ella en algún rincón, espiándome mientras duermo, pero…
solo está el desorden habitual y un par de latas de cerveza acumuladas.
Pensaba que esta vez no sería un sueño, que podría tocarla
de verdad, que estaría a mi lado, que seguiría ahí cada día, que al despertar podría
seguir besándola… pero todos los días el sol me la quita, aunque nunca me
acuerdo…

No hay comentarios:
Publicar un comentario