miércoles, 3 de febrero de 2016

Puedes enamorarte...

Puedes enamorarte de su mirada. De sus ojos. De su voz. Puedes enamorarte de como mira, de como habla. Puedes enamorarte de sus manos cuando acarician, cuando escriben, de como se enrollan buscando valor para tocarte.

Puedes enamorarte de como piensa. De lo que piensa. Incluso de cuando solo calla y mira al horizonte sin pensar.

Puedes enamorarte de su forma de caminar. De como se sienta frente a ti. De su forma de dormir. De su saber estar.

Puedes enamorarte de su risa. De como juega con su pelo. Puedes enamorarte de sus defectos. De como se enfada, como llora, de como sonríe.

Puedes enamorarte de sus besos. De como canta. O como calla.
Puedes enamorarte de lo que hace, de sus gustos, incluso de sus disgustos.
Puedes enamorarte de su manera de entristecerse cuando tú no estás.

Puedes enamorarte de sus lunares, de como le quedan las gafas. Puedes enamorarte de sus bromas. De sus suspiros cuando nadie la mira. De su patosa manera de mostrarte su amor. Puedes enamorarte de cuando se estira para colgar la ropa en la percha. De como posa el cigarrillo en sus labios o de como lo lía.




Puedes enamorarte de sus curvas, de como se excita y te excita. Puedes enamorarte de sus labios, de la forma en que se los muerde mientras te mira o incluso de su cara cuando os imagina.

Puedes enamorarte de todas esas cosas. De todo lo que es y representa. De su cuerpo, de su alma. Puedes enamorarte por completo de ella.



Pero de lo que seguro tienes que enamorarte, es de sus sueños. Aunque no los compartas. Porque si no te enamoras de sus sueños y no la animas a volar hacia ellos, le estarás cortando las alas. Y eso es lo peor que puedes hacer.

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