lunes, 12 de diciembre de 2016

Pesadilla

Cuando era pequeña siempre he sido la clase de hija que pasa de su madre, que aunque tenga delante de sus putas narices que no es feliz no quiere verlo...
Estaba demasiado ocupada siendo rebelde y haciendo lo contrario de lo que me decía.
Es algo que yo creo que todos hacemos cuando no tenemos los suficientes dedos de frente para ver como son en realidad las cosas.
Pero esto no es lo malo, cuando ves la realidad tal cual es, es cuando te das cuenta de lo que es malo de verdad...
Te das cuenta de que te pareces a ella más de lo que te piensas, más de lo que te gustaría haber reconocido en todos esos años de omitirla.
Te enteras por fin de que tu hermana y tu sois la prioridad en su vida y que a pesar de como están las cosas con el cabrón con el que esta casada, prefiere seguir alargando el divorcio por no separarse una semana de tu hermana, una semana en la que sabe que nadie se va a hacer cargo de ella porque el estará muy ocupado haciendo nada, como siempre.
Una semana en la que en vez de poder disfrutar de que por fin no esta ese imbécil en casa solo podrá pensar si ella estará bien...

Pero no se queda ahí, ojalá... Además esta la parte en que la sigue jodiendo y mi madre va a tener que pagar todo lo de mi hermana porque las leyes de mierda no sirven para nada y la ves preocupada día a día porque no sabe si podrá con ello. Que sabes y sabe que en el fondo vamos a salir adelante, pero que me mata ver como se pasa las horas preocupada mientras este sigue en casa jodiendoos cada vez que puede y luego vuelve como ha hecho siempre como si no hubiera pasado nada... Así tiene engañada a la gente y hace que no parezca el malo de la película.

Ves a tu madre dormida después de no haber parado en todo el día y te arrepientes de cada puta vez que no la hiciste caso, que discutes con ella por chorradas, cuando os acabáis llamando de todo menos guapa...
Te arrepientes de todas esas veces que siendo rebelde la hiciste daño, que la hiciste llorar o que se preocupo por ti y por toda la mierda en que te metías...
Te arrepientes de no estar más pendiente e intentar ponerte por delante porque a ti también te esta superando todo y no sólo lo que tienes en casa, pero pasa a segundo plano la demás mierda aunque te estés hundiendo y no sepas si puedes salir porque sabes que tu madre y tu hermana te necesitan, aunque cada noche no puedas dormir pensando en todo y en nada, en todo lo que queda y en nada que puedas hacer...

En la pesadilla que se ha convertido tu vida y de la que no puedes salir.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Recuperarme

Cuando te deje marchar no es que no te quisiera, es que te (nos) quería demasiado como para hacer(nos)te esto.

No preguntes por qué lo hice, porque en realidad la respuesta es que hay veces que no lo entiendo ni yo… Simplemente quería darte algo que no podía regalarte, que me seguiría destruyendo. Pero no puedo, aunque te quiero, aunque me joda, por encima de todo sé que no puedo, ahora no…
Quizá cuando pueda sea tarde. Quizá cuando pueda sea el momento. Quizá…
No puedo ofrecerte nada que te daría encantada porque no está en mi mano, se me escapa entre los dedos como el agua cuando dejas el grifo abierto. Como cuando sonríes, yo te miro y siento que se me escapa la vida por cada centímetro de mi piel. Porque desde que estás en ella, en mi vida quiero decir, todo lo demás no importa, no demasiado. Para ser sincera, no quiero que importe, pero en realidad lo hace, y por eso aunque lo que más quiera sea regalarte una vida entera… no puedo.

Para no variar me repetiré solo que con otras palabras.

Y es que cuando sonríes y te miro sin que te des cuenta porque tu estas intentando disimular que te mueres por besarme… joder, se mueve el mundo entero, se para el tiempo, consigues que tenga memoria fotográfica pero sólo para recordar ese momento, ese segundo en el que estamos sólo nosotras aunque estemos rodeadas de gente.
Y es que cuando sonríes es como estar viendo un atardecer desde el punto más alto de Madrid. Como querer tocar las estrellas porque tú eres la mejor de ellas. Como que todos los días son sábado de fiesta o domingo de peli y manta cuando tu estas cerca.
Y es que cuando sonríes ganarías el corazón de cualquiera, como hiciste con el mío cuando volviste a mi vida como quien vuelve a la escuela.



Pero no nos vayamos del tema… lo que te quería decir es que seas feliz, como lo eres conmigo. Que sonrías cada día, como consigo que lo hagas. Que te enamores, como lo hicimos sin apenas darnos cuenta.

Pero que lo hagas sin mí, que yo mientras tanto estaré volviendo a ser yo, para luego ser sin ti.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Dulces torturas

Tú me hacías feliz,
convertías las horas sin ti
en dulces torturas al pensar tu regreso.

Al recordar las tardes
llenas de guerra bajo las sábanas
las caderas manchadas de la hiel
que me producían tus besos,
es donde me di cuenta
de que te odio…

                                               …como nunca quise a nadie.

Caerse y levantarse

La gente me dice que tengo talento,
yo tan torpe e incrédula,
me callo con el alma rota.

Sólo soy una persona
que a veces sabe juntar 2 y 2,
para que sumen 4.
Más que nada lo llamo suerte.

Las ostias, me las dio la vida,
como a todos.

Me desahogo entre letras y acordes,
no lloro más que tú ni que otros,
mi vida es otro cuento de caerse y levantarse…
     ...como tantos.





Inspirado en Luis Ramiro y su “Otra vida entre millones”. Es más bien una copia, pero escrita a mi manera.

martes, 15 de noviembre de 2016

Tus segundos

Esto va de miradas perdidas, de caídas sin llanto pero con heridas… va de otoños sin pausa e inviernos de desgracias. Va de la necesidad de buscar tu sonrisa después de saber que no es que la haya perdido, sino que en realidad nunca la había ganado. Va de tener la necesidad de tener el contacto de tus caricias sobre mi piel, de saber que no te tendré y que fui yo quien te lo puso en bandeja, te tenía cerca, pero decidí alejarte para verte feliz, aunque sea en brazos de otra…



Cada día que pasa crece dentro la necesidad de encontrar a alguien con quien todo merezca la pena, que no tenga la fecha de caducidad escrita y lo peor es que la hayas visto aunque hayas intentado no mirar. Cada día que pasa te das cuenta de que no todo es como lo pinta Blue Jeans, J.A. Redmerski o Albert Espinosa… que se parece más a Mónica Gae o Irene X incluso quitando la parte de fantasía a J.K. Rowling. Te das cuenta de que los grandes artistas de ahora son quienes tienen los ojos abiertos e intentan hacer que le mundo deje de engañarse.
Sabes que soñar no es malo, pero no despertarte es dejar de luchar por estar entre ellos e intentar no ser una oveja más del rebaño. Cuando lees algo tienes envidia, casi incluso de la que no es sana, y piensas… joder, ¿por qué no se me ocurrió esto a mí? ¿Por qué no me ha pasado? O incluso… ¿Por qué no lo he sufrido yo?

Pero luego te acuerdas de la forma que tenía de mirarte, de cómo ladeaba un poco la cabeza hacia la izquierda cuando sonreía, de la primera vez que sentiste su piel sobre la tuya, de que Arte no es una palabra, ni el final en el que puedes conjugar todos los verbos… ARTE es ella.
ARTE es la forma que hace que cada milímetro de tu cuerpo se estremezca cuando oyes su voz, es saber que solo ella te podrá mirar de esa forma sin pensar que es una loca, porque sabes lo que hay detrás de esos ojos, sabes lo que piensan…


No… claro que no querría haber vivido otra historia aunque a veces tenga envidia, prefiero quedarme con los sueños en los que te tengo, para luego despertar y luchar por tus segundos…

Foto: Echa por un amigo de Iris que "Ay no me sé su apellido"

lunes, 15 de agosto de 2016

Quien pudiera mirarte

Con solo una sonrisa activo el premio de la loteria que es ver tu sonrisa. Me miras y me cuidas, nunca te despistas. Me inspiras y animas, me cambias la vida.
Hoy quiero ser yo tu loteria y enamorarte cada dia, mi vida.
Si tu sonries yo no me quejo, veo pasar la vida mientras tu me guias.

De tu mano me dejaria llevar a cualquier otra via y escaparnos en el primer tren solo con billete de ida. Verte despertar cada dia seria el mejor regalo que le podrias hacer a esta niña, que vive pensando en morder tu sonrisa y despues comernos la vida.

No sabes nada de mi si piensas que beso a cualquiera, que me paso las noches en vela por amor al arte y no por mirarte a la luz de las velas. Si fuera una estrella sería la mas brillante cuando tu te reflejas.
Me gustaria ser un gigante para bajarte la luna cuando este llena y crear un planeta donde no te ofendas.
Quiero mirarte, cuidarte, saber que nunca será tarde. Dime que lo intente, que tu pondras de tu parte.

jueves, 3 de marzo de 2016

La conciencia

En la antigüedad teníamos más metros cuadrados que cosas. Ahora, en cambio, tenemos más cosas que metros cuadrados. Hace años, podías recorrer un pasillo de 15 metros sin tropezar con un solo mueble. Ahora no puedes dar dos pasos sin estrellarte contra una bicicleta estática, una vajilla de Chillida o la armadura de una tienda de campaña. Mucha gente cambiaría los objetos por metros cuadrados; el problema es que la mayoría de esos trastos sólo tienen un valor romántico, que no cotiza ni en los mercadillos de pueblo. Ya me dirán para qué sirve la maleta de madera con la que papá se fue a Alemania, el televisor en blanco y negro que conservamos absurdamente debajo de una cama o la impresora portátil que compramos hace 15 años por si acaso (¿por si acaso qué?).



Lo bueno, ahora lo comprendemos, eran los metros cuadrados. No hay cosa mejor que cien o doscientos metros cuadrados, todos juntos, sin más objetos que la foto del abuelo en la pared del pasillo y una alacena en el comedor. Construir viviendas pequeñas por sistema es como escribir frases cortas por obligación. La frase corta funciona bien como desván, como cuarto trastero, como altillo en el que introducir una o dos ideas pequeñas (las que caben en una columna, por ejemplo). Pero para vivir, para respirar, para estar a gusto, nada como un piso de seis o siete habitaciones, cuatro exteriores y tres interiores, además de la cocina, el baño y los aseos. Ahora, dada la escasez de metros cuadrados y la abundancia de cosas, ha aparecido un negocio nuevo, el de los trasteros que guardan toda esa basura doméstica. Hemos vendido el alma (o los metros cuadrados) a cambio de cosas que brillaban, de espejuelos con los que no sabemos qué hacer. Deberíamos regresar a la frase larga, a la oración compuesta, al pasillo de 15 metros de largo. A la conciencia.


La conciencia. Juan José Millás

miércoles, 3 de febrero de 2016

Puedes enamorarte...

Puedes enamorarte de su mirada. De sus ojos. De su voz. Puedes enamorarte de como mira, de como habla. Puedes enamorarte de sus manos cuando acarician, cuando escriben, de como se enrollan buscando valor para tocarte.

Puedes enamorarte de como piensa. De lo que piensa. Incluso de cuando solo calla y mira al horizonte sin pensar.

Puedes enamorarte de su forma de caminar. De como se sienta frente a ti. De su forma de dormir. De su saber estar.

Puedes enamorarte de su risa. De como juega con su pelo. Puedes enamorarte de sus defectos. De como se enfada, como llora, de como sonríe.

Puedes enamorarte de sus besos. De como canta. O como calla.
Puedes enamorarte de lo que hace, de sus gustos, incluso de sus disgustos.
Puedes enamorarte de su manera de entristecerse cuando tú no estás.

Puedes enamorarte de sus lunares, de como le quedan las gafas. Puedes enamorarte de sus bromas. De sus suspiros cuando nadie la mira. De su patosa manera de mostrarte su amor. Puedes enamorarte de cuando se estira para colgar la ropa en la percha. De como posa el cigarrillo en sus labios o de como lo lía.




Puedes enamorarte de sus curvas, de como se excita y te excita. Puedes enamorarte de sus labios, de la forma en que se los muerde mientras te mira o incluso de su cara cuando os imagina.

Puedes enamorarte de todas esas cosas. De todo lo que es y representa. De su cuerpo, de su alma. Puedes enamorarte por completo de ella.



Pero de lo que seguro tienes que enamorarte, es de sus sueños. Aunque no los compartas. Porque si no te enamoras de sus sueños y no la animas a volar hacia ellos, le estarás cortando las alas. Y eso es lo peor que puedes hacer.

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