Aquella cálida mirada me hechizaba, me hacía sentir la mujer más feliz del mundo. Lástima que no pudiese "disponer" de ella a mi gusto... Sólo la tenía en contadas ocasiones. Por lo menos, hasta hoy.
Aparté la mirada, no me hacía ningún favor a mi misma mirándola, sólo conseguía enamorarme más...
-Bueeeeno, he de irme. ¿Mañana igual que hoy?- me preguntó María.
-Si quieres si, jajaja.- era imposible no querer, no podía estar sin ver su cara de ángel.
-¡Ah! ¿Si quiero? Pues entonces no quedamos.- puso tono de ofendida mientras esbozaba una pícara sonrisa.
-Pues vale, no quedamos.-la seguí el juego.
Se quedó a escasos milímetros de mi boca, puso una mano en mi cadera y con voz sensual me dijo:
-¿Estas segura?
-Joo, eso no vale.- dije como si fuera una niña pequeña.
¡Anda!, ¿por qué no va a valer?- preguntó haciéndose la tonta.
-Ya lo sabes, porque me encantas, porque quiero besarte y que seas mía.- la susrré mientras eliminaba los milímetros que me separaban de su boca y la besaba. Estaba sorprendida, nunca me había dejado llegar tan lejos, siempre se aparataba.
Tras separarnos se hizo un silencio sepulcral, pero no un silencio incómodo, sino uno maravilloso, por lo menos para mí, era como si el resto del mundo no existiera, el tiempo se había parado solo para nosotras durante unos instantes.
María se acercó de nuevo a mí, puso la otra mano en mi cintura y me besó.
Me volví a sentir flotar, estaba en una nube, me sentí renacer, no entendía porque estaba pasando aquello, pero me daba igual, ya lo averiguaría más tarde. Ahora saboreé el momento, mire su precioso rostro, puse una mano entre su mejilla y su cuello y cerré los ojos.
Cuando nos separamos parecía que habían pasado horas, pero a lo sumo varios minutos, estaba totalmente desconcertada, perdida, quería preguntarla el por qué de aquello, pero a la vez me daba miedo la respuesta, su respuesta.
Me armé de valor y aún temiendo la respuesta, la pregunté:
-¿Qué ha sido esto?
-Un beso.- se hizo la tonta, pero no era el momento, yo iba en serio.
-Eso ya lo sé, María, por favor, no juegues con ese tema y se sincera, lo necesito, sabes lo que siento por ti...- la medio rogué.
-Si te soy sincera... no lo sé. Estoy confundida. Siento algo por ti, pero no se definir el qué. Si, me gustas, pero tengo miedo a averiguar si tanto como para que halla algo entre nosotras, miedo a intentarlo, que salga mal y nos enfademos.
-Eso no ocurrirá, pase lo que pase todo será igual. Somos amigas desde que éramos enanas , y eso nunca cambiará excepto a mejor. Por favor, dame la oportunidad de demostrarte que puedes ser feliz a mi lado,- la acaricié la mejilla- te aseguro que si sale mal, nada cambiará.
Me abrazó y apoyó su cabeza en mi hombro derecho. Aunque no era exactamente el momento, aspiré el olor de su perfume y me permití deleitarme unos segundos con él.
Se hechó hacia atrás y me cojió las manos, me miró a los ojos y me dijo:
-No me lo tienes que pedir por favor, en todo caso yo a ti, por las veces que te he dicho que no.
-Si no sentías nada por mí, hiciste lo correcto.
-Es que tampoco estoy segura de que no sintiera nada, el miedo a perderte como amiga me paralizaba, y no me dejaba pensarlo.- mientras lo terminaba de decir desvió la mirada a un lado y agachó la cabeza.
-Y ahora... ¿Ya no tienes miedo?
-No lo sé, quizás un poco sí, pero ahora sé lo que siento por tí, y es un sentimiento tan fuerte que ha hecho que el miedo parezca ridículo e irracional.
María me besó.
-Debo irme, sino llegaré tarde a casa y mañana no podré verte.- me dijo con una sonrisa en la cara.
-Vale, te quiero.
Nos besamos de nuevo y María se fué mientras yo me quedaba mirándola, subida en mi nube rosa, la cual me estaba llevando muy alto, y cuanto más arriba, más dolería la caida, pero yo no quería ver esa parte.
Me marché a mi casa, llena de felicidad. No necesitaba nada más que su voz para ser feliz, y todo lo que me había dicho, estaba grabado en mi mente a fuego. Sólo con saber que estaba con ella, nada podía arrebatarme la felicidad.
* * *

Aquí me encuentro, tumbada en mi cama, con un cigarrillo en la mano, y ella a mi lado. Dormida. Llevamos saliendo casi dos años, pero el resultado que prometía el maravilloso cuento de ahdas del principio, hace tiempo que se esfumó, esta teñido. Sí, sigo amándola, y más que el primer día, pero menos que el próximo, pero me he caído de mi niube rosa varias veces, aunque siempre he vuelto a subir, puesto que no imagino mi vida sin ella a mi lado.
Al principio todo era perfecto, todo eran risas, besos, caricias, amor... luego era lo miemo pero con menos... intensidad, y luego María añadió los celos, la desconfianza, el control, incluso a veces rozaba la obsesión. Pero la amo, y por encima de eso, no hay nada.
Quizás la culpa de todo es mía, pues por miedo a perderla no la he dicho nada, sólo cuando me decía que estaba engañándola yo la decía que no, que ella era la única, luego el tema se "evaporaba" y yo aprovechaba a ser feliz sin agobios. Debo decírselo.
Decidido, lo tengo que hablar con ella, y cuanto antes.
Giro la cabeza, la miro, me empapo con su rostro y lo grabo de nuevo en mi mente, ya me lo sé de memoria, pero no quiero crear errores en la perfección. Esta dormida, ajena a todos mis pensamientos.
Recuerdos. De repente, me vienen todos a la mente, uno a uno voy recordando cada día y segundo a su lado.
Están los recuerdos del principio, con 5 ó 6 años, y nos pasabamos las tardes jugando en el parque. Cuando teníamos 12 y hablabamos del instituto, de los chicos, cuando no me atrevía a decirla que no me interesaban. Luego están los momentos más... problemáticos, a los 16, cuando la dije que me gustaban las chicas, lo aceptó bien, y luego comencé a enamorarme de ella, no se lo dije en seguida, tardé año y medio. Después me vino a la mente cada tarde desde que la dije que estaba enamorada, María no sentía lo mismo, decía que la gustaban los chicos, pero cada instante a su lado era perfecto, era el comienzo de mie cuento de hadas, y cada día... conseguía que me quisiera más, que se pensara si merecía la pena intentar ser feliz conmigo.
Se gira y se queda de lado, a escasos milímetros de mi boca, como el día que empezó todo, pero esta vez estaba dormida, todavía me quedaban recuerdos. Me contuve, no la besé, aún no.
Pasa por mi mente el día. Aquel 16 de Marzo de 2010, donde comenzó totalmente el cuento, mi cuento, nuestro cuento. Todo empezó como un día más, risas, abrazos, cosquillas, bromas... pero esa vez todo alcanzó la perfección, pues me dejó que la besara. Un beso. Para cualquiera será una chorrada, para mí, un sueño. Mi sueño. Ese del que tengo miedo de despertar y no conseguir recuperar. Después de ese 16 están los 2 años y 6 días que llevamos, cada tarde a su lado, cada caricia, cada beso, cada problema superado, algún mal trago o bache complicado, cada cosa que me he callado... Hasta hoy.
Sigue girada hacia mí. La beso suavemente. Despierta. Abre los ojos. Me mira. Sonríe. Me hechiza. No, debo controlarme, no debo dejar que su hechizo me atrape. Me besa. No puedo, la amo. Tengo miedo. Miedo a perderla, mucho. Ya he callado suficiente. Me ama, es normal que tenga celos, miedo a perderme. Yo no los tengo y la amo, la quiero más que a nadie en este mundo. No puedo. Una mano se desliza por mi cuello, pasa por la mejilla, se detiene en mi boca, con el índice se desliza por mis labios, vuelve al cuello, baja al pecho, la cintura. Se detiene. La beso. Me aparto. Se acerca a mí. Debo decírselo... No, no puedo, prefiero la felicidad teñida de vez en cuando. Me dejo llevar, la preocupación pasa. La quiero. No hay nada más, nada que decir. Sobre el amor que siento por ella, nada. Me dejo llevar. Nos besamos. Una caricia. Otra. Otra más. Un botón que se desabrocha. Nos dejamos llevar. Otro botón. Una camiseta que sale volando. No voy a decir nada...