Me encontré con un castillo de naipes, lleno de comodines y reyes.
Me daban miedo, y no podía jugar.
Hasta que conocí un naipe maravilloso, una reina, llamada Paula.
Tú me llamaste la chica de los ojos de fresa, y me arrancaste de mis miedos.
Yo miré a través del cristal, pero al final todo estaba boca abajo.
Ahora te vas. No creo que estés jugando con una baraja completa.
Te vas al internado, ¿pero no vale que luchemos por nosotras?
Me digo que no soy valiente. Pero tu eres a quien podría salvar.
Ahora el castillo de naipes se derrumba. No puedo sostenerlo sin ti.
Así que dejo caer las manos y me voy lejos.
Levanta tu copa por mí: me voy con una mujer,
que tiene el nombre de una planta.
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