Quizá es que
solo quería mirarte, solo quería tenerte entre mis brazos una vez más. Poder saborear
esos momentos de paz, en los que nada más importaba, en los que solo éramos tú
y yo. Quizá es que, aun sin saberlo, me estaba despidiendo.
Estaba harta
de los quizá, necesitaba seguridad, necesitaba notar por una vez que tú no te
ibas a ir. Que cuando mañana me despertase iba a verte a mi lado, aun con los
ojos cerrados, dormida. Que ibas a estar tan perfecta como la noche anterior cuando
estábamos enredadas bajo las sabanas y los vecinos se quejaban de tus gemidos.
Mire al
cielo una vez más, esperando que algo pasara, aun sabiendo que si no lo hacía
yo, nada cambiaría, por mucho que mirara a las nubes.
Recuerdo cuando
te conocí… maldito el momento, sabía que me ibas a traer problemas aun sin
saber de ti, lo notaba en tu mirada, en tu forma de actuar. Pero aun así… caí en
la tentación que me ofrecían tus labios, me perdí en ellos.
Desde la
primera vez que los probé supe que iba a querer más, que no te iba a dejar
escapar, que iba a hacer todo lo que estuviera en mi mano para hacerte mía. No iba
a ser un camino fácil, pero iba a lograrlo.
Que estúpida
fui al creer que todo podría cambiar. Que dejarías de irte por la mañana, que me
traerías el desayuno a la cama entre besos y risas, que después nos perderíamos
de nuevo entre las sabanas durante horas para reencontrarnos en un largo abrazo
mezclado con besos llenos de amor.
Ahora solo
me queda seguir torturándome porque cada vez estoy más enganchada a ti y tú a
tu libertad. Cada vez estoy más enganchada a tus besos, y tú a otras camas. Cada
vez sueño más contigo, y tú me besas para hacer realidad ese anhelo.
Eres mi
droga favorita, pero también la peor, cuando creo que estoy lista para no
necesitarte más, llegas tú, con tu mirada misteriosa y me vuelves a romper
todos los esquemas. Pones otra vez mi mundo patas arriba y me descolocas con tu
sabor. Haces que vuele, pues todas las mariposas que tengo en mi interior quieren
escapar a la vez, pues las abrasas con el calor que me transmite tu cuerpo.
Necesito desintoxicarme,
conocer nuevos lugares, otras mentalidades.
Miro el
reloj, las 4:00 am. creo que es hora de volver a casa… sé que aun seguirás
dormida, que me pasare el resto de la noche contemplando la perfección de tus
curvas, que podría volver a escaparme por las calles de Madrid sin que te
dieras cuenta, pero prefiero aprovechar los ratos que te tengo solo para mí.
Quizá cuando
despiertes, tenga la fuerza necesaria para decirte todo lo que pienso, para dar
el paso final hacia la salida o al resto de nuestras vidas.

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