lunes, 29 de diciembre de 2014

Caramelo

Me prometiste dejar tus manos
para sujetarme en ellas,
por si alguna vez me caía por tu mirada infinita.
Me dijiste que seríamos embalses por construir
para no dejar que se nos escapara
ni un solo recuerdo,
momento o sentimiento.
Me sonsacaste las verdades
a besos, susurros y sueños.

Usaste mis miedos
como cepos,
me ataste a ti,
y me prometiste no dejarme ir.
Me miraste tan intensamente
que me hiciste dejar de temblar,
absorbiste mi miedo
hasta eliminarlo,
hasta borrarlo y hacer de el
un estúpido recuerdo.

Me aseguraste estaciones enteras,
a tu lado,
entre tus brazos, caricias y miradas,
que decían todo
sin decir absolutamente nada.
Me enseñaste la vida a tu lado
diste a esta niña pequeña
tu caramelo para sonreír y ser feliz,
asegurándola con tu sonrisa
que no se acabaría nunca.


Llego el final del caramelo,
me encontré con el palo
y lo mordí para ver si era comestible.
Lo mordí hasta romperlo
hasta darme cuenta de que tus palabras
no significaban más que tus besos,
que todo lo que dijiste


se desvanecía entre mis versos.

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