Sorpréndela llevándola una rosa,
o una margarita.
Sácala una sonrisa cuando abra la puerta de su casa y te vea ahí,
tan pillada,
tan dispuesta a comerte el mundo.
Llévala de paseo,
comparte tus sitios favoritos
y los desconocidos
a su lado.
Hazla sentirse única,
trátala como si fuera de cristal
y a la vez
como si fuera de piedra
protégela, pero déjala respirar.
Sonríela como si no hubiera mañana,
como si tuvieras miedo de juntar los labios
por si acaso se quedan sellados.
Cógela de la mano,
mírala a los ojos
muérdete el labio
y acércate a los suyos
haz que sienta tu aliento en ellos,
consigue que se estremezca
que desee besarlos
y entonces
y sólo entonces,
bésala.
Cógela de la cintura
y atráela hacia ti,
sentir vuestro calor
y fundiros hasta ser solo una.

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