Si alguna vez me llegaste a querer, a amar. Quédate lejos, déjame
marchar.
Permíteme perderme en el recuerdo de aquellos susurros que
aun saboreo por mis labios. Acúsame de renegar de nuestro amor, para sentirme
libre y ser yo.
Permíteme volar como una pluma que cae del cielo cuando se
desprende de su dueño, déjame que piense que estoy en un avión a punto de
despegar, que me iré lejos de aquí, que cuando aterrice habré escapado de esta
pesadilla en la que se ha convertido todo.
Déjame retratarte, soñarte, déjame que dibuje una vez más en
mi lienzo imaginario la perfección de tus curvas en mi cama, de los lunares de
tu espalda, del parque de atracciones que eres toda tú, en especial de la
montaña rusa.
Déjame que te toque al piano los acordes que sonaron en mi
cabeza la primera vez que te vi, o los que sonaron después cada vez que te veía
y te tenía entre mis brazos, junto a mis labios.
Permíteme que hoy escape por la ventana que cada noche
dejabas abierta mientras me esperabas, mira por ella esperando ver mi sombra en
cada esquina, pensando que vuelvo.
Pero cuando escape de todo esto, hazme regresar.
Espérame en nuestro parque, con una rosa negra entre los
labios, haciéndote una pequeña herida en ellos y que te resbale la sangre, y
una sonrisa de medio lado, anhelando todo por lo que nos hemos perdido,
anhelando todo lo que nos hemos perdido.
Y permíteme regresar, permíteme volar de tu mano, contigo
como único combustible y destino.

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