Hay veces como ahora mismo, en que echo de menos mis anteriores casas, en las que había galería, balcón... O como la de Valencia, que tenia directamente azotea.
Hay veces que echo de menos vivir en un pueblo, echo de menos poder subir a la azotea y sentir paz y tranquilidad, y no asomarte a una ventana y oír todo ruidos de coches y de gente. Echo de menos el conocerte a todos los vecinos de tu calle.
Echo de menos la confianza de los pueblos.
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