Hay dos cosas que son lo mejor del mundo.
Una es la sensación de tener tu lugar en el. De ser feliz, de saber que haces feliz a alguien, que ayudas a cualquiera sólo por el hecho de ver sonreír a esa persona, de saber que "sirves para algo".
Que sin motivo aparente te preocupes por alguien que ni conoces, y que el motivo sea hacer del mundo un lugar un poquito mejor para vivir en él.
Que llegue el día en que seas mayor y puedas mirar al pasado estando orgullosa de lo que has hecho. Que has contribuido a lo que era correcto, a que todo sea mejor.
Merece la pena hacer sonreír a alguien hasta que tenga agujetas sólo por ver esa sonrisa, por saber que has hecho algo bien. Merece la pena hacer cosquillas a alguien hasta que no pueda más para que se quede esa sonrisilla tonta durante 10 minutos.
Y la otra es escribir. Tener la libertad de expresarte, de decirle al mundo lo que quieras sin que nadie te corte, sin interrupciones, sin comentarios. Siendo sólo tu y la hoja en blanco para llenarla de sentimiento. Para expresar lo que pasa por tu mente, para dejar volar tu imaginación y escribir la mejor historia jamás contada.
Ese placer de oír la punta del boli contra el papel, o en su defecto, las teclas al ser pulsadas. Ese placer de dar a leer lo que has escrito a alguien y que se quede flipado por cada palabra allí reflejada. Ese placer de pasar de las normas y ser tu misma frente a lo escrito. Ese placer de... hacer sonreír con tus ideas estúpidas y retorcidas transformadas en lírica.
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