martes, 3 de septiembre de 2013

Baloncesto

Camino por el Campo Grande, sin rumbo, sin prisa. Veo las canastas alrededor, como persiguiéndome. Trayendo los recuerdos de aquellos días en que mi vida giraba en torno a eso, a los balones, a la cancha, a encestar y superarse a si misma.

Aquellos días en que con sólo tener un balón entre las manos desaparecen los problemas.

El momento en que decidí dejarlo porque esa sensación de calma se había esfumado, en que la magia ya no estaba.



Cada día no era más que una lucha interior para aparentar normalidad, los entrenamientos eran una constante tensión de todo lo ocurrido.

Ahora echo cada vez más de menos aquellos días, aunque poco a poco los voy recuperando, esa tensión que había antes ha desaparecido, solo queda dar el último paso para volver a pasarme las tardes con un balón entre las manos.



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